El Chico Tranquilo por Nick Antosca (Parte 5)

Julia fue a una tienda de camino a la escuela para comprar algunas camisas y unos cuantos pares de medias.

Antes de comenzar las clases buscó información sobre Lucas en la oficina de registros de la escuela. Su dirección era Nro. 18 Perlmutter Road. El único pariente de Lucas en el registro era su padre, Frank.

Frank. Se imagino a un hombre grande, tosco y con un fuerte aliento a licor.

«¿Por qué está tan interesada en el niño Weaver?» preguntó Carol, la secretaria.

Julia cerró el archivo. «¿La señora Parson mencionó una vez que había un programa de Arte para niños dotatos? Programa de Arte para…»

«Programa de Tutorías de Arte del Condado de Jefferson», recitó Carol. Son fondos federales. Le pagan a profesores especiales, los traen un par de veces por semana en el horario después de clases. Un profesor por alumno.

Julia pensó que eso sería perfecto para Lucas.

En el almuerzo, Julia apartó un momento a Lucas de los demás niños para darle la ropa que había comprado. Dos camisas baratas de color gris y seis pares de medias blancas con líneas rojas. Se alegró tanto que no quería soltar las prendas.

«Estos me quedan», dijo un poco tentativo.

«Bien», dijo Julia para luego preguntar «¿Te gusta dibujar, no? ¿Te interesa el arte?».

«Me gusta dibujar cosas».

«Encontré un programa especial para niños como tu», le dijo. «Te tendrías que quedar después de clases y trabajar con un profesor especial de arte para ayudarte con tus dibujos. ¿Es algo que querrías hacer?».

En ese momento vio algo en sus ojos. Entusiasmo o esperanza, una de esas pequeñas pero excitantes cosas de la vida.

«Si», dijo él.

«¡Perfecto!» dijo Julia. «Solo necesitaría la firma de tu padre en la hoja de registro. Me gustaría hablarle sobre eso y también sobre…»

La expresión de Lucas cambió. Como una luz que se apaga.

«Pensándolo bien, ya no quiero», dijo. Se dio la vuelta y caminó apresuradamente hacia la puerta.

«Espera», dijo Julia. «Lucas, tu podrías…»

«Cambié de opinión». Dijo él, saliendo apresuradamente. Julia escucho el eco de sus pasos en el pasillo.

Esa noche pensó sobre la situación mientras preparaba la cena. Podía escuchar los perros de Elaine, un mastín y un dálmata, ladrando desde la casa principal. Debe haber un conejo en el patio. Pensó en la visceral reacción de Lucas a la idea de Julia hablando con su padre. ¿Estaría avergonzado de él, de Frank?

No, no era vergüenza. Había sido miedo. Pensó que Frank lo castigaría por ser considerado un niño dotado.

Al día siguiente durante el almuerzo, trató de hablar nuevamente con Lucas pero esté se resistió diciendo, «¡cambié de opinión, no quiero hacerlo!».

Mas tarde llamó al número de teléfono de la casa de Lucas, el que había conseguido en los registros, pero solo obtuvo el mensaje: «El número está fuera se servicio».

Esto la molestó. Preguntó a la profesora Simms, la maestra que tuvo a Lucas en su clase el año pasado, si alguna vez había conocido a Frank. La profesora Simms le respondió que no, y le sorprendía que Julia considerase a Lucas un niño dotado.

La profesora Simms mas bien lo consideraba un niño «especial».

Ninguno de los profesores había visto alguna vez al padre de Lucas.

¿Bueno, se supone que para eso estoy aquí, no? pensó Julia. Si nadie mas en esta escuela se ha tomado la molestia de ayudar a este niño, o al menos tratado de hablar con Frank Weaver, entonces lo haré yo.

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