El Chico Tranquilo por Nick Antosca (Parte 7)

«Vamos mujer vuelve a tus cabales» se dijo a sí misma.

Vino para hacer algo importante, ayudar a un niño que necesita ayuda. Y tenerle miedo a un montón de sombras no iba a ser muy útil.

Sin embargo había algo malo en el lugar, pensó. Esa sala no parecía estar deshabitada.

Julia bajó hasta la entrada del porche y miró hacia la parte superior de la casa nuevamente. Allí noto algo en las ventanas superiores, no estaban tapiadas. Pero tenían los vidrios oscurecidos.

Caminó cautelosamente alrededor de la casa «¿realmente debería hacer esto?» pensó. La maleza estaba alta y había un retazo de material azul, brillante como un rompe-vientos.

Era una carpa, como esas que se usan en los viajes de campo.

La parte frontal de la carpa estaba abierta. Se aproximó a ella y se arrodilló para ver en su interior. Envolturas de caramelos, vasos de mantequilla de maní vacíos y sábanas con dibujos de Thor el super héroe. Las cosas propias del cuarto de un niño.

También vio bolígrafos, lápices y muchas hojas de papel, de las mismas que se utilizan para las impresoras de la escuela. En otro rincón habían varios libros de la librería de la escuela pudo reconocer el de Puentes a Terabithia.

Y en una esquina, una pila de medias blancas con rayas rojas. Las mismas que ella había regalado a Lucas.

El niño estaba viviendo en esa carpa.

Pobre chico ¿dónde está Frank Weaver? ¿Acaso lo abandonó aquí? ¿Se fue a una de sus noches de borrachera y nunca regresó a casa?

Regresó al frente de la casa para irse cuando escuchó al autobús escolar acercándose. Instintivamente de detuvo para esconderse.

Lucas y dos chicos mayores que el bajaron del autobús. Los otros chicos continuaron su camino calle abajo.

Vio como Lucas se dirigía al otro lado de la casa, al patio trasero. Lo siguió de lejos y pudo mirar cuando entraba a la carpa. En un momento Lucas salió con las sábanas de Thor dobladas bajo su brazo.

Cargó con todo el paquete hasta el frente de la casa para salir hacia a la calle en dirección a la lavandería.

Estaba solo, vivía solo. Tenía que reportar esta situación a servicios sociales, hacer que el estado se hiciera cargo del asunto. Una vez Lucas se había ido, caminó hacia su carro.

Pero una espinosa sensación en su espalda, como si una bufanda de seda la recorriera de arriba hacia abajo la obligó a voltear su mirada hacia la casa.

Algo se movió en las ventanas del piso superior.

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