En los muros de Eryx de H. P. Lovecraft (Parte 2)

Luego – VI, 13 por la tarde

Ha habido más problemas de los que me imaginaba. Aún sigo en el edificio y tendré que trabajar rápida y cuidadosamente si es que quiero dormir esta noche en terreno seco. Pasó mucho tiempo antes de que lograra dormirme, y no desperté hasta que era casi el mediodía. Tal como estaban las cosas, hubiera dormido aún más si no hubiera sido por el resplandor del sol a través de la niebla. El cadáver constituía una visión repugnante, cubierto de sifíclighs, y con una nube de moscas farnoth a su alrededor. Algo había apartado el casco del rostro, y más valía no mirar lo que había quedado al descubierto. Me sentía doblemente satisfecho por mi máscara de oxígeno, cuando pensaba en la situación. Al fin me alcé y me sacudí el barro, tome un par de tabletas de alimento y coloqué un nuevo cubo de clorato de potasio en el electrolizador de la máscara. Estoy usando esos cubos con parsimonia, pero me gustaría tener una mayor cantidad.

Me siento mucho mejor después de haber dormido, y espero salir del edificio dentro de poco. Consultando las notas y dibujos que había hecho, me sentí impresionado por la complejidad de los pasadizos, y por la posibilidad de que hubiera cometido un error fundamental. De las seis aberturas que había en el espacio central, había elegido una determinada tomándola por aquella por la que había entrado usando como guía una línea de visión. Cuando estaba justamente en el interior de la abertura, el cadáver situado a cincuenta metros de distancia se hallaba exactamente alineado con un lepidodendro especial del lejano bosque. Ahora se me ocurrió que este dato podía no ser lo bastante fiable, pues la distancia del cadáver hacía que la diferencia de dirección, con relación al horizonte, fuera relativamente Poca cuando lo miraba desde las aberturas inmediatamente contiguas a la elegida. Además, el árbol no se diferenciaba tanto como hubiera sido de desear de los otros lepidodendros del horizonte.

Efectuando una prueba, me di cuenta, desalentadoramente, de que no podía estar seguro de cuál de las tres aberturas era la correcta. Esta vez estaría seguro. Me di cuenta de que a pesar de que resultaba imposible marcar mi camino, había un señalizador que sí me era posible dejar. Aunque no podía quitarme el traje, podía, a causa de mi espesa mata de cabello, prescindir del caso; y este era lo bastante grande y poco pesado como para permanecer visible sobre el fluido barro. Por consiguiente me quité el objeto, que era prácticamente hemisférico, y lo dejé a la entrada de uno de los corredores: el situado más a la derecha de los tres que debía probar. Seguiría aquel corredor suponiendo que era el correcto repitiendo lo que creía recordar eran los giros exactos, y tomando y consultando constantemente notas. Si no lograba salir, iría eliminando sistemáticamente todas las posibles variaciones; y si esas fallaban, pasaría a cubrir las avenidas que se extendiesen desde la siguiente abertura, de la misma manera; continuando hasta la tercera si ello resultaba necesario.

Más pronto o más tarde tendría que dar con el camino correcto a la salida, pero debía mostrarme paciente. Aún en el peor de los casos, era casi imposible que no lograse salir al exterior a tiempo para dormir sobre terreno seco. Los resultados inmediatos fueron bastante desalentadores, aunque me ayudaron a eliminar la abertura de la derecha en poco menos de una hora. Solo una sucesión de callejones sin salida, cada uno de los cuales terminaba a una mayor distancia del cadáver, parecían surgir de aquella abertura; y muy pronto me di cuenta de que no había estado incluida en mis correteos de la tarde anterior. Sin embargo, como antes, siempre encontré relativamente fácil el tantear mi camino de regreso a la cámara central.

Alrededor de la una del mediodía pasé el casco que me servía de señal a la siguiente abertura y comencé a explorar los pasadizos que se abrían tras ella. Al principio creí reconocer los giros, pero pronto me hallé en un grupo de corredores totalmente desconocidos. No podía llegar cerca del cadáver, y esta vez también parecía tener el camino a la cámara central cortado, aunque pensaba haber anotado cada movimiento que había hecho. Debía de haber giros engañosos e intersecciones demasiado sutiles para que lograse reflejarlas en mis burdos diagramas, y comencé a notar una sensación que era parte ira y parte descorazonamiento. Aunque naturalmente con paciencia al fin lograría salir de allí, me di cuenta de que mí búsqueda tendría que ser minuciosa, incansable y extensa. Las dos de la tarde me encontraron aún errando por extraños corredores, palpando constantemente mi camino y mirando alternativamente a mi casco y al cadáver, mientras anotaba datos en el papiro con decreciente confianza.

Maldije la estupidez y la curiosidad que me habían atraído a aquel embrollo de paredes invisibles, y reflexioné que si no me hubiera preocupado de aquella cosa y hubiera regresado tan pronto como hube tomado el cristal del cadáver, ahora estaría a salvo en Terra Nova. De pronto se me ocurrió que quizá pudiera abrir un túnel bajo las paredes invisibles con mi machete, y así lograr salir al exterior o a algún corredor que llevase allí. No tenía forma de saber la profundidad de los cimientos del edificio, pero el omnipresente barro era un argumento a favor de la ausencia de cualquier otro suelo que no fuera el mismo terreno. Poniéndome de cara al lejano y cada vez más horrible cadáver, comencé a cavar febrilmente con la ancha y afilada hoja.

Había unos quince centímetros de barro semilíquido, bajo el cual la densidad del suelo se incrementaba muchísimo. Este terreno profundo parecía ser de un color distinto, una arcilla grisosa bastante parecida a la que se hallaba cerca del polo norte de Venus. Mientras continuaba profundizando cerca de la barrera invisible vi que el terreno se estaba haciendo más y más duro. El barro acuoso penetraba en la excavación con la misma rapidez con que yo sacaba la arcilla, pero metía las manos en él y seguía trabajando. Si lograba abrirme un paso bajo la pared, el barro no iba a impedir que me metiese por él. Aún así, a unos noventa centímetros de profundidad la dureza del suelo frenó considerablemente mi excavación. Su resistencia era muy superior a cualquier otra conque me hubiese encontrado antes, aún en este planeta, e iba unida a un peso anormal. Mi machete tenía que astillar y cortar la apretada arcilla, y los fragmentos que sacaba eran como piedras sólidas o trozos de metal. Finalmente hasta este sistema de excavación se hizo imposible, y tuve que cesar mi trabajo sin haber alcanzado el borde inferior de la pared.

El intento que había durado una hora larga había sido fútil y dañino, pues había usado una buena parte de mi energía y me obligó a tomar una tableta extra de alimento y a colocar un cubo adicional de clorato en la máscara de oxígeno. También me obligó a cesar en mis exploraciones, pues aún sigo demasiado cansado para caminar. Tras limpiar mis manos y brazos de barro, lo mejor que pude, me senté a escribir estas notas, apoyándome contra la pared invisible y dando la espalda al cadáver. Ese cadáver es ahora, simplemente, una estremecida masa de bichos: el olor ha comenzado a atraer algunos de los viscosos akmans de la lejana jungla. Y me fijo en que muchas de las hierbas efjeh están extendiendo tentáculos necrófagos hacia el cuerpo; pero dudo que ninguno de ellos sea lo bastante largo como para alcanzarlo. Me gustaría que algunos animales realmente carnívoros como los skorah apareciesen, pues quizá captasen mi olor y penetrasen en el edificio en mi búsqueda. Los animales esos tienen un extraño sentido de la orientación. Podría contemplarlos mientras venían, e ir anotando su ruta aproximada si es que no lo hacían en línea continua. Eso me sería de una gran ayuda. Y cuando llegasen ante mí la pistola me libraría de ellos.

Pero no puedo esperar una cosa así. Ahora que he terminado estas notas, descansaré un poco más, y luego tantearé de nuevo. Tan pronto como regrese a la cámara central, lo que debería ser fácil, probaré con la abertura de la izquierda. Quizá pueda salir antes de la noche después de todo,

VI, 13 por la noche

Nuevos problemas. Mi escapatoria será tremendamente difícil, pues hay elementos que no habla sospechado. Otra noche en el barro y una lucha ante mí mañana. Descansé muy poco rato y me alcé y tanteé de nuevo hacia las cuatro. Unos quince minutos después llegué a la cámara central y moví mi casco para marcar la última de las tres posibles aberturas. Partiendo de ella, me pareció que el camino me era más familiar, pero al cabo de cinco minutos me detuve en seco ante la vista de algo que me estremeció más de lo que pueda describir. Era un grupo de cuatro o cinco de esos detestables hombres-lagarto que salían del bosque a lo lejos en la llanura. No podía verlos claramente a aquella distancia, pero me pareció que hacían una pausa y se volvían hacia los árboles para gesticular, tras lo que se les unió una docena más. El grupo incrementado comenzó entonces a avanzar directamente hacia el edificio invisible, y mientras se aproximaban los estudié cuidadosamente. Nunca habla visto de cerca a uno de aquellos seres, si no era entre las humeantes sombras de la jungla. El parecido con los reptiles era perceptible, aunque sabía que solo era aparente, ya que esos seres no tienen punto de contacto con la vida terrestre.

Cuando se acercaron más me parecieron menos reptiloides: únicamente la cabeza plana y la verdosa y viscosa piel, parecida a la de una rana, daban la idea de ello. Caminaban erectos sobre sus extrañas y gruesas patas, y sus discos de succión producían unos curiosos sonidos en el barro. Eran especímenes normales, de unos dos metros diez de alto, con cuatro largos y delgados tentáculos pectorales. Los movimientos de esos tentáculos, si es que las teorías de Fogg, Ekberg y Janat son correctas, lo que yo antes dudaba pero ahora ya estoy más dispuesto a creer, indicaban que aquellos seres estaban conversando animadamente. Saqué mi pistola lanzallamas y me preparé para una dura lucha. No tenía demasiadas posibilidades, pero el arma me daba una cierta ventaja. Si las cosas aquellas conocían el edificio, entrarían a por mí y de aquella manera me darían la clave de cómo salir tal como los skorahs hubieran hecho. El que me iban a atacar me parecía seguro; pues aunque no podían ver el cristal en mi bolsa, podían adivinar su presencia mediante aquel sentido especial que poseían.

Pero, sorprendentemente, no me atacaron. En lugar de ello se dispersaron y formaron un amplio círculo a mi alrededor… a una distancia que indicaba que se estaban apoyando contra el muro invisible. Allí de pie, formando un anillo, los seres se quedaron mirándome silenciosa e inquisitivamente, moviendo sus tentáculos y a veces haciendo gestos con sus cabezas o sus patas superiores. Al cabo de un rato vi que otros salían del bosque, y avanzaban hasta unirse a la multitud curiosa. Los más cercanos al cadáver lo miraron brevemente, pero no intentaron tocarlo. Era una visión horrible, pero a los hombres-lagarto parecía no importarles. De vez en cuando uno de ellos apartaba con un gesto de sus extremidades o tentáculos las moscas farnoth, o aplastaba un reptante sificligh o akman, o una estirada hierba efjeh con los discos de succión de sus patas traseras.

Devolviendo la mirada de aquellos grotescos e inesperados intrusos, y preguntándome inquieto por qué no me atacaban inmediatamente, perdí por el momento todo deseo y hasta la energía física necesaria para continuar mi búsqueda de una salida. En lugar de ello, me apoyé contra la pared invisible del pasadizo en que me encontraba, dejando que mi asombro se transformase gradualmente en una cadena de locas especulaciones. Un centenar de misterios que previamente me habían inquietado parecían, de repente, tomar un nuevo y siniestro significado, y temblé con un miedo agudo, distinto a cualquier otro que hubiera experimentado antes.

Creía saber por qué aquellos seres repulsivos estaban agolpándose expectantes a mi alrededor. Creía también haber descubierto al fin el secreto de la estructura transparente. El tentador cristal que habla encontrado, el cuerpo del hombre que lo había hallado antes que yo… todas esas cosas comenzaron a adquirir un significado tétrico y amenazador. No habla sido una vulgar racha de mala fortuna lo que me había hecho perderme en aquella maraña de corredores transparentes y sin techo. Ni mucho menos. Sin duda alguna, aquel lugar era algo deliberado: un laberinto construido a propósito por aquellos seres infernales cuyas habilidades y mentalidad había infravalorado. Pero, ¿no debería haberlo sospechado antes, conociendo su raro talento arquitectónico? Su propósito estaba bien claro. Era una trampa; una trampa dispuesta para cazar seres humanos, y con el cristal esferoide como cebo. Aquellos seres reptiloides, en su guerra con los ladrones de cristales, habían decidido usar la estrategia, y estaban utilizando nuestra propia codicia contra nosotros mismos.

Dwight, si es que aquel cuerpo putrefacto era Dwight, había sido víctima del laberinto. Debía de haber quedado atrapado hacía algún tiempo, y no había logrado hallar la salida. Sin duda la falta de agua lo había enloquecido, y quizá se había quedado también sin cubos de clorato. Probablemente su máscara no se le había perdido accidentalmente; era más probable que se hubiera suicidado. En lugar de enfrentarse con una muerte lenta, había acabado con sus problemas quitándose deliberadamente la máscara y dejando que la atmósfera letal acabase con él en seguida. La horrible ironía de su destino estaba en su situación… a solo unos pasos de la salida salvadora que no había logrado hallar. Un minuto más de búsqueda, y habría estado a salvo. Y ahora yo estaba tan atrapado como él. Atrapado y con aquella manada de curiosos riéndose de mi desgracia. La idea era enloquecedora, y, cuando la tuve se apoderó de mi una repentina oleada de pánico que me hizo echar a correr sin rumlx, por los invisibles corredores. Durante varios minutos fui un demente: tropezando, cayéndome, hiriéndome contra las paredes invisibles, y finalmente desplomándome en el barro como un montón de carne estremecida, dolorida, sangrante y sin consciencia.

La caída me calmó un poco, así que cuando lentamente me puse en pie, pude fijarme en las cosas y razonar. El círculo de mirones estaba agitando sus tentáculos en una forma extraña y regular, que me sugería una burla por su parte, así que les enseñé el puño con ira cuando me puse en pie. Mi gesto pareció incrementar su diversión; y algunos de ellos lo imitaron burdamente con sus verdosas extremidades anteriores. Algo avergonzado, traté de recapacitar y considerar la situación. Después de todo, no estaba tan mal como Dwight. A diferencia de él, sabía cuál era la situación, y hombre prevenido vale por dos. Tenía pruebas de que se podía llegar a una salida, y no repetiría su trágico acto de desesperación. El cadáver… o el esqueleto, que es lo que pronto sería, seguía sirviéndome de guía para hallar la abertura, y una paciencia decidida no dejaría de llevarme hasta ella si trabajaba lo bastante, con inteligencia. Sin embargo, tenía la desventaja de estar rodeado por aquellos demonios reptiloides. Ahora que me daba cuenta de la naturaleza de la trampa, cuyo material invisible indicaba unos conocimientos superiores a cualquier cosa conocida en la Tierra, ya no podía despreciar la mentalidad y recursos de mis enemigos. Aún con mi pistola lanzallamas pasaría un mal rato para alejarme de allí… aunque la audacia y la rapidez me servirían, sin lugar a dudas, para salir del aprieto.

Pero primero tenía que llegar al exterior… a menos que pudiera atraer o provocar a alguno de aquellos seres, para que avanzase hacia mí. Mientras preparaba mi pistola para cualquier posible acción y comprobaba mi abundante suministro de munición, se me ocurrió que podía probar el efecto de la misma sobre las paredes invisibles. ¿Habría estado pasando por alto un método de escape factible? No tenía ni idea de la composición química de la barrera transparente, y tal vez se tratase de algo que una lengua de fuego pudiera cortar sin problemas. Eligiendo una sección que daba hacia el cadáver, descargué cuidadosamente la pistola a bocajarro y tanteé con mi cuchillo allá donde había dado la descarga. Nada había cambiado. Había visto cómo la llama se extendía al tocar la superficie, y me daba cuenta de que mi esperanza había sido vana. Solo una larga y tediosa búsqueda de la salida lograría llevarme al exterior. Así que, tragándome otra tableta alimenticia y colocando otro cubo en el electrolizador de mi máscara, reinicié la larga búsqueda, volviendo sobre mis pasos hacia la cámara central e intentándolo de nuevo.

Constantemente consultaba mis notas y dibujos, y tomaba otros nuevos, equivocándome una y otra vez en los giros, pero siguiendo desesperadamente hasta que la luz de la tarde se hizo muy débil. Mientras insistía en mi exploración, miraba de vez en cuando al silencioso círculo de espectadores burlones, y noté un gradual cambio en su composición. De vez en cuando algunos volvían al bosque, mientras que otros llegaban a tomar sus lugares. Cuanto más pensaba en sus tácticas menos me gustaban, pues me daban una idea de los posibles motivos de aquellos seres. En cualquier momento aquellos diablos hubieran podido avanzar y luchar conmigo, pero parecían preferir contemplar mis intentos por escapar. No me cabía más posibilidad que considerar que estaban divirtiéndose con el espectáculo, y esto me hizo temer con mayor fuerza la idea de caer en sus manos. Con la llegada de la oscuridad cesé mi búsqueda, y me senté en el barro para descansar.

Ahora estoy escribiendo a la luz de mi lámpara, y pronto intentaré dormir un poco. Espero que mañana lograré salir; pues mi cantimplora está vaciándose, y las tabletas de lacol son un mal sustituto para el agua. Y no me atrevo a intentar sorber la humedad de este barro, pues el agua de los barrizales de esta región es tan solo potable cuando ha sido destilada. Por eso tenemos esas largas conducciones de agua hasta las zonas de arcilla amarilla, y dependemos del agua de lluvia cuando esos diablos sabotean nuestras tuberías. Además, tampoco tengo demasiados cubos de clorato, y debo intentar disminuir mi consumo de oxígeno tanto como pueda. Mi tentativa de abrir un túnel a primera hora de la tarde, y mi loca carrera de después, consumieron una peligrosa cantidad de aire. Mañana reduciré mis esfuerzos físicos al mínimo posible hasta que me halle frente a los reptiles y tenga que luchar con ellos. Necesito una buena cantidad de cubos para el viaje de regreso a Terra Nova. Mis enemigos siguen ahí; puedo ver un círculo de sus poco luminosas antorchas fosforescentes a mi alrededor. Esas luces me producen una sensación de horror que tiende a mantenerme despierto.

VI, 14 por la noche

¡Otro día completo de búsqueda y aún no he hallado mi camino al exterior! Comienza a preocuparme el problema del agua, pues acabé con el contenido de mi cantimplora al mediodía. Durante la tarde hubo un aguacero y regresé a la cámara central a buscar el casco que había dejado como señal, para usarlo como recipiente y conseguir un par de vasos de agua. Me bebí la mayor parte de la misma, pero he puesto el poco que quedó en la cantimplora. Las tabletas de lacol sirven bien poco contra la verdadera sed, y espero que vuelva a llover durante la noche. He dejado el casco boca arriba para que recoja el agua que caiga. Y tampoco tengo demasiadas tabletas alimenticias, aunque eso aún no sea un peligro. De todas maneras, de ahora en adelante me pondré a media ración. Lo que realmente me preocupa son los cubos de clorato, pues aún sin ejercicios violentos, el continuo caminar de todo un día consume un número peligroso de los mismos. Me siento débil por mi forzada economía de oxígeno, y por mi sed, que va en constante aumento. Cuando reduzca la comida supongo que aún me sentiré más débil.

Hay algo maldito, algo extraño, en este laberinto. Podría jurar que había eliminado ciertos giros con mis dibujos, y sin embargo cada nuevo intento va en contra de algún supuesto que creía comprobado. Nunca antes me había dado cuenta de lo perdidos que estamos sin referencias visuales. Un hombre ciego quizá lo hiciese mejor que yo… pero para la mayoría de nosotros la vista es el principal de nuestros sentidos. El efecto de todos esos recorridos inútiles es causarme un profundo desaliento. Puedo comprender cómo debió de sentirse el pobre Dwight. Su cadáver es ahora tan solo un esqueleto, y los sificlighs y moscas farnoth ya han desaparecido. Las hierbas efjen están haciendo pedazos el uniforme de cuero, pues eran más largas y crecen más rápido de lo que me imaginaba. Y durante todo el tiempo, esos espectadores cambiantes permanecen agitando sus tentáculos alrededor de la barrera, riéndose de mí y disfrutando de mi desgracia.

Un día más y enloqueceré, si es que no me desplomo muerto de agotamiento. Mas no me queda Otra solución que perseverar. Dwight habría salido si hubiera seguido caminando un minuto más. Y es posible que alguien de Terra Nova venga a buscarme antes de que pase mucho más tiempo, aunque éste sea solamente mi tercer día de ausencia. Me duelen horriblemente los músculos, y no parezco descansar en absoluto cuando me acuesto en este repugnante barro. La pasada noche, a pesar de mi terrible fatiga, dormí sobresaltado, y esta noche temo que no lo haga mejor. Vivo en una continua pesadilla: pasando del sueño a la vigilia, y sin embargo sin estar verdaderamente despierto o dormido. Me tiembla la mano, ya no puedo seguir escribiendo. Ese círculo de tenues antorchas fosforecentes es repugnante.

VI, 15 a última hora por la tarde

¡Adelanto considerablemente! Las cosas tienen buen aspecto. Estoy muy agotado y no dormí mucho antes de que saliera el sol. Entonces, dormité hasta el mediodía, aunque sin lograr descansar totalmente. No ha llovido, y la sed me debilita mucho. Comí una tableta alimenticia extra para mantenerme en marcha, pero sin agua no me ha servido demasiado. Me atreví a intentar beber algo del agua del barro en una ocasión, pero me produjo violentos vómitos y aún me dejó más sediento que antes. Debo conservar los cubos de clorato, así que casi me estoy sofocando por la falta de oxígeno. No puedo caminar la mayor parte de tiempo, pero consigo arrastrarme por el barro. Hacia las dos de la tarde creí reconocer algunos de los pasadizos, y me acerqué mucho al cadáver, o esqueleto, de lo que habla hecho en mis intentos del primer día. En una ocasión llegué a un callejón sin salida, pero volví al camino principal con ayuda de mi mapa y notas.

El problema de más anotaciones es que hay demasiadas. Deben llenar un metro del papiro, y debo detenerme durante largos ratos para descifrarlas. No consigo concentrarme a causa de la sed, la sofocación y el agotamiento, y no logro comprender lo que he escrito. Esos malditos seres verdes siguen mirándome y riéndose con sus tentáculos, y a veces gesticulan de una forma que me hace creer que se están contando alguna terrible broma que no logro comprender. Fue hacia las tres de la tarde cuando realmente hallé una buena pista. Había un portal que, según mis notas, no había atravesado antes; y cuando lo hice vi que pedía arrastrarme dando un rodeo hacia el esqueleto envuelto por las hierbas. El camino era una especie de espiral, muy similar a aquella por la que había llegado inicialmente a la cámara central. Cuando llegaba a una puerta lateral o a una intersección, seguía el camino que más parecía repetir el recorrido original. Mientras me acercaba, en círculos, más y más a mi repugnante punto de referencia, los espectadores del exterior intensificaban sus crípticas gesticulaciones y su irónica risa silenciosa. Evidentemente veían algo macabramente divertido en mi avance… dándose cuenta, sin lugar a dudas, de lo inerme que estaré en cualquier lucha con ellos. Dejé que se rieran; pues aunque me daba cuenta de mi tremenda debilidad, contaba con la pistola lanzallamas y con sus numerosos cargadores extra para abrirme paso entre la vil falange de reptiles.

Ahora mi esperanza estaba en alza, pero no intenté ponerme en pie. Era mejor seguir reptando, y guardar mis fuerzas para el cercano encuentro con los hombres-lagarto. Mi avance era muy lento, y el peligro de perderme en algún camino sin salida muy grande, pero, de todas formas, parecía ir siguiendo una curva que decididamente me llevaba hacia mi meta ósea. La perspectiva me daba nuevas fuerzas, y durante un tiempo dejé de preocuparme del dolor, la sed, y mi escasa cantidad de cubos. Las criaturas se estaban agrupando todas alrededor de la entrada: haciendo gestos, saltando y riendo con sus tentáculos. Pronto, reflexioné, debería enfrentarme con aquella horda… y quizá con los refuerzos que recibiesen del bosque. Estoy ya tan solo a unos metros del esqueleto, y me detengo a tomar estas notas antes de salir y atravesar esa molesta banda de seres. Confío en que con mis últimas energías podré ponerlos en fuga a pesar de su número, pues el radio de acción de esta pistola es tremendo. Entonces acamparé en el musgo seco del borde de la meseta, y por la mañana viajaré cansadamente por la jungla hacia Terra Nova. Me alegrará volver a ver de nuevo hombres vivos y los edificios de la raza humana. Los dientes de esa calavera brillan y sonríen de una forma horrible.

VI, 15 ya casi de noche

¡Horror y desesperación, me equivoqué de nuevo! Tras tomar las anteriores notas me aproximé aún más al esqueleto, pero repentinamente encontré una pared que se interponía. De nuevo había sido engañado, y aparentemente volvía a estar en la misma situación que tres días antes, durante mi primer fútil intento de salir del laberinto. No sé si grité o no… quizá estuviera demasiado débil para producir un solo sonido. Simplemente, me quedé anonadado en el barro durante un largo período, mientras las cosas verdosas del exterior saltaban y reían y gesticulaban. Al cabo de un tiempo recuperé totalmente el conocimiento… Mi sed, debilidad y sofocación estaban acabando conmigo rápidamente, y con mis últimas fuerzas coloqué un nuevo cubo en el electroliza…… sin pensarlo, y sin considerar mis necesidades para el viaje de vuelta a Terra Nova.

El oxígeno así obtenido me revivió ligeramente, y me permitió contemplar los alrededores con más atención. Parecía como si estuviera un poco más lejos del pobre Dwight de lo que me había hallado en mi primer desengaño, y me pregunté embotadamente si podría hallarme en otro corredor algo más remoto. Con esta débil esperanza me arrastré laboriosamente hacia adelante, pero al cabo de algunos metros encontré una pared como en la anterior ocasión. Así que aquello era el fin. Tres días no me habían llevado a ninguna parte y mis fuerzas han desaparecido. Pronto enloqueceré de sed, y ya no tengo bastantes cubos como para regresar. Me pregunté débilmente por qué aquellos seres de pesadilla se habían agrupado de tal forma junto a la entrada, para burlarse de mi. Probablemente era parte de su trampa: el hacerme creer que estaba aproximándome a una salida que sabían que no existía.

Sé que no duraré mucho, aunque estoy resuelto a no acelerar mi fin como hizo Dwight. Su cráneo sonriente está vuelto hacia mí, movido por los tanteos de una de las hierbas efjeh que están devorando su traje de cuero. La fantasmal mirada de esas cuencas vacías es peor que la de esos horrores reptiloides. Da un ominoso significado a esa sonrisa muerta. Me quedaré muy quieto sobre el barro para recuperar mis fuerzas en lo posible. Estas notas, que espero lleguen a poder de los que vengan tras de mí, y les sirvan de aviso, estarán pronto terminadas. Cuando acabe de escribir, descansaré un largo rato. Entonces, cuando sea demasiado oscuro y esos seres no puedan verme, utilizaré mis últimas reservas de energía para intentar lanzar el papiro sobre la pared y el corredor que me separa de ella hacia la llanura exterior Tendré buen cuidado de apuntar hacia la izquierda, donde no caiga entre el grupo de burlones espectadores. Quizá se pierda para siempre entre el barro… pero quizá caiga en algún matorral y llegue al fin a manos humanas.

Si al final es leído, espero que sirva para algo más que para simplemente advertir a otros hombres de esta trampa. Espero que sirva para enseñarle a nuestra raza que debe dejar esos brillantes cristales donde están. Pertenecen a Venus. Nuestro planeta realmente no los necesita, y creo que hemos violado alguna ley oscura y misteriosa, alguna ley profundamente oculta en los arcanos del cosmos, en nuestras tentativas de apoderarnos de ellos. ¿Quién puede decir qué oscuras, potentes y extensas fuerzas empujan a esos seres reptilescos que guardan su tesoro en forma tan extraña? Dwight y yo ya hemos pagado nuestra culpa, como otros lo han hecho antes y otros los harán después.

Aunque quizá esas pocas muertes sean únicamente un preludio de unos horrores más grandes que aún están por venir. Dejemos a Venus lo que es de Venus. Ya estoy muy próximo a la muerte, y temo no ser capaz de poder lanzar el papiro cuando llegue la noche. Si no puedo hacerlo; supongo que los hombres-lagarto se apoderarán de él, pues probablemente se dan cuenta de lo que es. No querrán que nadie tenga un previo aviso acerca del laberinto… y no sabrán que mi mensaje contiene una suplica a su favor. A medida que se aproxima mi fin me siento más predispuesto a favor de esos seres. ¿Quién puede decir, en la escala de las entidades cósmicas, qué especie se encuentra más alta, o se aproximan más a la norma orgánica de los espacios… si la suya o la mía?

Acabo de sacar el gran cristal de mi bolsa para mirarlo durante mis últimos instantes. Brilla fiera y amenazadoramente a los rojizos rayos de la puesta del sol. La horda se ha dado cuenta de ello y sus gestos han cambiado en una forma que no puedo comprender. Me pregunto por qué permanecerán agrupados alrededor de la entrada en lugar de concentrarse en un punto más cercano de la pared transparente. Estoy perdiendo el sentido y ya no puedo escribir mucho más. Las cosas giran a mi alrededor, y no obstante, no acabo de perder el conocimiento. ¿Podré lanzar el papiro sobre la pared? El cristal brilla mucho, y eso que cada vez oscurece más. Oscuro. Muy débil. Siguen riendo y saltando alrededor de la puerta, y han encendido esas infernales antorchas fosforescentes. ¿ Se están yendo? Creí oír un sonido una luz en el cielo…

Informe de Westley P. Miller. Director del grupo a Compañía Cristal del Venus (Terra Nova en Venus – VI, 16)

Nuestro empleado A49, Kenton 1. Stanfield, domiciliado en 5317 Marshall Street, Richmond, Estados Unidos, salió de Terra Nova a primera hora del VI, 12, para un corto viaje guiado por un detector. Debiendo regresar el 13 o el 14, no había aparecido a la tarde del 15, por lo que el avión de observación FR-58 con cinco hombres a mi mando partió a las ocho de la tarde para seguir su ruta con el detector. La aguja no señalaba ningún cambio respecto a lecturas anteriores. Seguimos la aguja hasta la Meseta Eryciniana, manteniendo en funcionamiento durante todo el camino nuestros potentes reflectores. Nuestros lanzallamas de triple potencia y cilindros de radiación D hubieran podido dispersar cualquier fuerza ordinaria de nativos hostiles, o cualquier manada peligrosa de skorahs carnívoros. Cuando estuvimos en la llanura abierta de Eryx vimos un grupo de luces en movimiento que sabíamos que eran antorchas fosforescentes nativas. Al aproximarnos, se dispersaron por el bosque. Probablemente eran de setenta y cinco a cien. El detector indicaba que había un cristal en el punto del que provenían. Planeando a baja altura sobre aquel punto, nuestras luces descubrieron objetos en el suelo. Un esqueleto cubierto por hierbas efjeh, y un cuerpo a unos tres metros del mismo. M hacer descender el avión cerca de los cuerpos, la punta del ala chocó contra un obstáculo invisible.

Acercándonos a los cuerpos a pie, nos topamos con una lisa barrera invisible que nos asombró tremendamente. Tanteando cerca del esqueleto hallamos una abertura, tras la cual habla un espacio con otro orificio que daba al esqueleto. Este, aunque había sido despojado de su ropa por las hierbas, tenía junto a él uno de los cascos numerados de la Compañía, Era el empleado B-9, Frederick N. Dwight, del grupo Koenig, que había partido hacía dos meses de Terra Nova en un viaje largo. Entre este esqueleto y el cadáver aún indemne parecía haber otra pared, pero pudimos identificar fácilmente al segundo hombre como Stanfield. Tenía un papiro de notas en su mano izquierda y una pluma en la derecha, y parecía haber estado escribiendo cuando murió. No se vela ningún cristal, pero el detector indicaba la existencia de un enorme espécimen cerca del cadáver de Stanfield. Tuvimos grandes dificultades para llegar hasta éste, pero finalmente lo logramos.

El cadáver estaba aún caliente, y junto a él se hallaba un gran cristal, cubierto por el poco profundo barro. Inmediatamente estudiamos su papiro y nos preparamos a dar ciertos pasos siguiendo los datos contenidos en él. Las anotaciones del papiro forman la larga narración que precede a este informe; una narración que hemos verificado en sus puntos esenciales, y que adjuntamos como explicación de lo que hallamos. Las partes finales del relato muestran el deterioro de su mente, pero no hay razón para dudar de su parte principal. Stanfield obviamente falleció por una combinación de su sed, sofocación, tensión cardíaca y depresión psicológica. Tenía colocada la máscara y esta estaba generando oxígeno normalmente, a pesar de su escasa reserva de cubos.

Teniendo dañado nuestro aparato, enviamos un mensaje por radio reclamando la presencia de Anderson con el avión de reparaciones FG-7, con un equipo de demoliciones y material para las mismas. Hacia la mañana el FR-58 ya había sido reparado, y regresó al mando de Anderson llevando los dos cadáveres y el cristal. Enterraremos a Dwight y Stanfield en el cementerio de la Compañía, y enviaremos el cristal a Chicago en el siguiente navío que se dirija a la Tierra. Luego, adoptaremos la sugerencia de Stanfield… la más cuerda contenida al principio del informe, cuando aún estaba sano, y traeremos las suficientes tropas como para acabar con los nativos. Con el campo libre, no habrá límites en la cantidad de cristales que podamos obtener.

Por la tarde estudiamos con mucho cuidado el edificio o trampa invisible, explorándolo con la ayuda de largas cuerdas de guía, y preparando un mapa completo para nuestros archivos. Nos sentimos muy impresionados por el diseño, y conservamos especímenes de la sustancia para someterlos a análisis químicos. Estos conocimientos nos serán útiles cuando invadamos las ciudades nativas. Nuestras brocas de diamante tipo C lograron perforar el material, y el equipo de demoliciones está ahora dinamitando el edificio para volarlo hasta los cimientos. No quedará nada cuando hayan acabado. Este edificio es una verdadera amenaza para el tráfico aéreo y de otros tipos.

Al contemplar el plan del laberinto uno se siente impresionado no solo por la ironía del fin de Dwight, sino también por el de Stanfield. Cuando intentamos llegar hasta el segundo cadáver desde el esqueleto, no pudimos hallar acceso hacia la derecha, pero Marheim encontró una puerta desde el primer espacio interior a unos cuatro metros y medio más allá de Dwight y a un metro y medio de Stanfield. Tras ella había un largo corredor que no exploramos hasta más tarde, pero en su lado derecho había otra puerta que llevaba directamente al cadáver. Stanfield podría haber alcanzado la salida exterior caminando unos seis o siete metros si hubiera hallado la abertura que estaba directamente tras él… una abertura de la que no se dio cuenta a causa de su cansancio y desesperación.

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